No nos matan por dejarlos, nos matan porque pueden

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Roberto Barba, responsable institucional de la Xunta, habla de “detonantes” cuando se trata de feminicidios cometidos tras una ruptura.

Natalia Isidoro-Herrera

“En el análisis realizado a nivel institucional de los asesinatos de violencia de género, se revela que, en muchos casos, uno de los motivos o detonantes que llevó al agresor a acabar con la vida de la mujer —y también a veces, a suicidarse él después—, fue la decisión de ella de dejarlo y poner fin a la relación que mantenía”.

El autor es el director general de Loita Contra a Violencia de Xénero de la Xunta de Galicia, Roberto Barba.

A veces cuesta discernir si este tipo de afirmaciones nacen del desconocimiento más absoluto —lo cual resulta inadmisible tratándose del responsable de un organismo contra la violencia machista—, de una tremenda falta de sensibilidad, de un desprecio deliberado hacia las víctimas o, sencillamente, que sus cerebros están menos iluminados que un suburbio.

Sí, señor Barba, nos matan porque decidimos dejarlos. Y también nos matan antes, mientras seguimos atrapadas en relaciones marcadas por el miedo y la violencia. Nos matan cuando intentamos sobrevivir. Esto no es un desenlace inevitable ni un “detonante emocional” del agresor: es asesinato —que miedo parece que provoca usar esta palabra en estos casos—. Es feminicidio. Y no, no somos nosotras las que “fallecemos”: a nosotras nos matan.

Lo que realmente estremece es que estas declaraciones provienen, una vez más, de cargos institucionales ocupados por representantes de la derecha, que lejos de impulsar políticas de protección real, se dedican a maquillar el problema con eufemismos y explicaciones que rozan la justificación del agresor. Cuando quienes están al frente de las políticas públicas en violencia de género no comprenden —o no quieren comprender— la dimensión estructural del machismo se convierte en una doble violencia institucional. No solo banalizan la gravedad de la violencia machista, sino que colocan, una vez más, la carga sobre las víctimas. Sugieren que alejarse del agresor es lo que provoca la tragedia, cuando en realidad, el problema es la existencia misma de agresores que consideran que pueden decidir sobre nuestras vidas.

¿Qué mensaje se lanza entonces? ¿Que lo prudente es quedarse al lado del maltratador para no “provocar” una reacción fatal?

No solo no tenemos un aparato estatal que nos respalde como debería, sino que desde estas instituciones gobernadas por la derecha se emiten mensajes que disuaden, que minimizan, que culpabilizan. No hay justicia transformadora posible con una administración que sigue tratando el feminicidio como una consecuencia desafortunada de decisiones personales, en lugar de como lo que es: el resultado de una estructura patriarcal que sigue sin desmantelarse.

Esto es un insulto y una falta de respeto hacia todas las víctimas de feminicidio, a las mujeres maltratadas, a los hijos víctimas de violencia vicaria…

·       Mujeres asesinadas por violencia de género en España desde 2003: 1.317

·       Menores asesinados por violencia vicaria desde 2013: 62

·       Menores huérfanos por feminicidios desde 2013: aproximadamente 476

Se mean encima nuestra y nos dicen que llueve.

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